¿Cuánto de lo que nos pasa se encuentra bajo nuestro control?

La palabra controlar casi podemos decir que nace con nosotros, y nos acompaña a lo largo de nuestra vida.  Cuando comenzamos a tomar conciencia sobre cómo estamos viviendo y qué cosas queremos transformar, es la primera que aparece enfrente nuevamente: ¿Cuánto de todo lo que nos hace “sufrir” tiene que ver con no tener el control de lo que nos pasa?.  La respuesta es mucho, y casi me atrevería a decirte que todo.

La mente es tremendamente compleja y almacena todo lo que nos ha pasado desde que fuimos incluso concebidos, nuestro cerebro debe asegurar nuestra supervivencia, por lo tanto desarrolla altas capacidades de “controlar” todo lo que ocurre alrededor para generar dentro nuestro las respuestas de adaptación que necesitamos.   Es maravilloso, ¿no?, somos una máquina perfecta.

Sin embargo, dentro de todo este proceso aparece otro jugador no menos importante: nuestro mundo interior (pensamientos, creencias, emociones), que actúa en coordinación con esa parte automática y controladora, siempre bajo la excusa de “asegurar nuestra supervivencia”. 

Y pasamos años de nuestras vidas entrenándonos para lograr tener el control: dejar los pañales se convierte en aprender a controlar los esfínteres, evitar sentirte triste o enojado es aprender a controlar tus emociones, el éxito en el colegio o el trabajo es tener todo bajo control, y los estándares de perfección se suman a la larga lista que podría enumerarte en este post.

Pero ¿qué pasa cuando lo que ocurre afuera no depende de nosotros?, ¿cuándo no podemos cambiar las circunstancias o los hechos, y todo escapa de nuestro control?.  Aparece la frustración, el enojo, la tristeza, la desesperación y es desde allí, donde quiero que me permitas acompañarte.

Sobre el pasado no podemos influir porque ya no lo podemos cambiar, pero en el presente tenemos la increíble oportunidad de hacernos cargo de transformar aquello que nos hace sufrir y empezar a diseñar un futuro como soñamos. Y esto ya lo habrás escuchado en muchos lugares, sí porque lo de trabajar tus pensamientos y ser tu propio héroe, son temas actuales y de gran impacto efectivamente.  Créeme que esto realmente funciona así, pero no es el tema del que quiero hablarte.

Ahora permite que me refiera a ese momento en que sientes que todo sale de control, un momento en que te haces preguntas como estas:  ¿por qué a mí?, ¿por qué otra vez a mí?.  Quizás te sientas solo, sientas que no te comprenden, que no te ayudan, que si no lo haces tú nadie lo hará, o no lo harán tan bien como lo harías tu.

Y es en ese momento en que las emociones inundan tu alma, sientes impotencia, rabia, angustia, tristeza, un verdadero cóctel que a veces sale como un volcán que arroja lava alrededor, quemando todo a su paso. Otras quizás la lava no salga pero quede dentro carcomiendo tus entrañas. ¿En cuál de estas situaciones te sientes más identificado?

Pues ninguna de ellas es saludable para ti.  Para vivir la vida que realmente quieres, primero,  necesitas trabajar en auto conocerte, explora tus pensamientos: ¿Qué cosas hay allí?, ¿Cómo te tratas a ti mismo?, ¿Qué cosas te dices?, ¿Cuáles son esos pensamientos recurrentes? .

Segundo, suelta, entrénate para hacerlo; no todo podrá ser sostenido por ti, reconoce que eres un ser humano de carne y hueso como los demás, no eres un robot, y también tienes derecho a enfermarte, a estar cansado o simplemente a no querer hacerte cargo de todo. No tienes que hacerlo.

Tercero, permite que la emoción que sientes fluya, es energía y debe moverse de adentro para fuera, reconoce esa emoción, sea cual sea es válido que te sientas así. Trátate con cariño y date un tiempo para habitarla, porque si no descargas lo que sientes será más difícil ver la luz al final del túnel.

Y en este espacio final, siente: valida tu emoción, no la niegues, no la postergues, no la saltes, está allí para impulsarte aun cuando no la veas así. Y si lloran tus ojos, déjalos, porque es el llanto del alma, y ten la convicción que las lágrimas sanan.

Mañana el sol volverá a salir.

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